1/2 kg. de harina 350 ml. de leche 5 gr. de levadura 1 diente de ajo 1 manojo de perejil 250 grs. de queso cabrales 250 grs. de setas 250 grs. de puerro 250 grs. de tomate natural triturado 250 grs. de calabacín orégano aceite de oliva sal
| Mezclamos la harina con una pizca de sal y la disponemos sobre la mesa formando una montaña, en cuyo centro hacemos un hueco para que quede como un volcán, añadiendo la levadura disuelta en leche. Amasamos bien todos los ingredientes hasta obtener una masa suave y homogénea, que taparemos con un paño y dejaremos reposar al menos veinte minútos para que suba la levadura. Pasado este tiempo amasamos de nuevo añadiendo el perejil previamente picado muy fino, al igual que el ajo y vamos añadiendo hasta tres cucharadas de aceite poco a poco para que se mezcle bien con el resto de la masa. Una vez terminado el proceso anterior, disponemos la pasta sobre la mesa y la estiramos con ayuda de un rodillo intentado formar un círculo, aunque una forma cuadrada o rectangular también es perfectamente válida. Extendemos por encima el tomate natural y añadimos el resto de los ingredientes bien picados, así como el queso cabrales desmenuzado y, finalmente, el orégano. Precalentamos el horno a 180ºC y cuando alcance la temperatura adecuada, introducimos la pizza durante unos veinte minutos. |
Además del orégano, se puede añadir albahaca si nos gusta. Si se quiere hacer una pizza menos vegetariana, podemos añadir también bacon. En cualquier caso tomando como base la pizza de tomate y cabrales, las posiblidades son virtualmente infinitas. |