Acceso
| Pasión por la ´sidra crucis´ |
|
|
|
Fuente: La voz de Asturias La Semana Santa es un rosario de tradiciones que se llevan transmitiendo de generación en generación desde tiempos inmemoriales. Dentro de las costumbres religiosas más arraigadas en este período destacan las procesiones. Conocidas son las multitudes que convocan los pasos de ciertas imágenes en Andalucía y Castilla y León. Y en Asturias, además de los Vía Crucis tradicionales, se celebró el Viernes Santo uno muy peculiar. El Sidra Crucis es una modalidad alternativa de Pasión, que recurre al caldo asturiano en lugar de a las típicas torrijas y potaje --eso sí, sin carne-- para celebrar la que para muchos es la semana de mayor recogimiento espiritual del año.
La asociación Ensame Sidreru volvió a organizar, por cuarto año, este particular recorrido por más de una docena de sidrerías y llagares del Principado. No obstante, el Sidra Crucis va más allá de su vertiente lúdica. Según explicó un portavoz del colectivo, Marcos Fernández, la idea nació porque la Semana Santa coincide con el tiempo "en el que toda la vida se abrieron las pipas de sidra". Entonces, los asturianos iban de llagar en llagar y espicha en espicha para saborear la producción de caldo autóctono. Una tradición que se mantiene en plena forma en las cuencas mineras y que Ensame Sidreru ha recuperado en la zona central para dar a conocer el proceso de elaboración. El gijonés Barrio de la Sidra fue el punto de partida del itinerario. Tras los primeros culines, parada para llenar el estómago en la espicha celebrada en el llagar Estrada, en Nava. Los gaiteros que acompañaban a los penitentes amenizaron el trayecto, que tuvo su tercer destino en el llagar Alonso, en la localidad naveta de Ovín. El llagar La Morena, en Siero, y el Camín Real de la Sidra, en Colloto, fueron los últimos lugares en los que los fieles se detuvieron a dar buena cuenta de las existencias de bebida autóctona. Unas 200 personas partieron de Gijón dispuestas a realizar el Sidra Crucis, pero sólo la mitad logró completar la procesión más gastronómica de todas. Y es que fueron 12 horas de buen beber y yantar . El grupo era variopinto. Desde niños con sus padres hasta unos jóvenes llegados de Estados Unidos para vivir en primera persona esta peculiar Pasión.
|

