«Papá, esto parece Haití» Imprimir Correo electrónico

Fuente: Lne

Langreo tardará mucho tiempo en sobreponerse de las consecuencias de las últimas riadas. Daños en infraestructuras que superan los dos millones de euros y numerosos destrozos en viviendas y locales comerciales. Pero sin duda la población que más sufrió sus consecuencias fue la de Rondera, un pequeño pueblo en el que no viven más de cuatro familias, pero que estuvo a punto de ser tragado por la tierra.

La localidad, situada sobre una ladera de montaña, está en una situación de grave peligro debido al movimiento de una falla geológica que arrastró el pueblo entero unos diez centímetros. Como consecuencia, las viviendas muestran grietas que se van abriendo cada día, así como el propio pavimento de las calles, una brecha en la que puede caber perfectamente un pie de tamaño medio. Los marcos de las puertas también quedaron afectados, bloqueando su acceso.

Nada más llegar a Rondera llama la atención el estado del único hórreo del pueblo, cuyos pilares están en diagonal, amenazando con ceder y destruir por completo su estructura. «Tengo que tratar de quitar las piezas poco a poco, para ver si se puede aprovechar algo, pero no me atrevo a meter mano por si se me cae encima», afirma Aquilino Fernández González, uno de los vecinos afectados. En ningún momento desalojaron el pueblo, «nos dijeron que no podíamos vivir aquí, pero no nos dieron otra opción, con lo que nos quedamos en nuestras casas», apunta.

Este vecino cuenta que, cuando se produjo el movimiento de tierras, «no nos dimos ni cuenta, llovía tanto que identificábamos el ruido con el agua. Nada más». Lo peor vino cuando el hijo pequeño de Aquilino salió de su casa y corrió monte arriba: «Papá, esto parece Haití», le dijo su hijo. Y es que, en la parte alta del pueblo se había producido un argayo de grandes magnitudes que había dividido el monte en dos. El problema, según cuenta este vecino, «es que está saliendo agua del manantial y se está embalsando en la parte alta del pueblo. Como no hagan nada, va a acabar con Rondera».

La misma opinión guarda Alfredo García «Teyerina», uno de los vecinos de mayor edad del pueblo, que lleva 54 años allí. «Nunca hemos visto nada parecido. Mi mujer, que lleva en Rondera desde que nació hace 75 años, sí se acuerda de algún argayo, pero no tan grande como este». Por el momento, los vecinos esperan que alguna administración o entidad se acerque hasta allí para ofrecerles una solución al problema «porque no sabemos qué hacer y tampoco podemos irnos a vivir a otro lado porque no hay dinero», señala Aquilino.
 

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