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| La mujer hallada dentro de un canapé en Gijón fue asfixiada el viernes |
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Fuente: El comercio María Dolores Rodríguez Braña falleció por asfixia durante la mañana del viernes. Así lo ha determinado la autopsia que le fue practicada al cadáver por los médicos forenses. La Policía continúa la búsqueda del esposo, quien permanece en paradero desconocido desde el mismo día en el que se estima que murió la mujer. Sus restos mortales fueron encontrados por uno de sus hijos a las tres de la tarde del martes. El cuerpo estaba envuelto y escondido en el canapé de la cama matrimonial que la familia acababa de comprar. Días antes del suceso el marido Emilio R. V., de 62 años, sacó todo el dinero de su cartilla bancaria y parte lo distribuyó entre los hijos, entregándoselo «como un regalo». No sospecharon de su intención. Durante la mañana de ayer agentes del Cuerpo Nacional de Policía volvieron a inspeccionar el segundo piso del número 7 de la calle de Rosalía de Castro, en El Natahoyo, con el objetivo de hallar nuevas pruebas que ayuden a esclarecer la forma en la que se desencadenó el deceso. La búsqueda se centró principalmente en objetos que pudiesen haber sido empleados para asfixiar a la víctima, como almohadas y cojines. Los efectivos policiales salieron de la vivienda portando una caja que trasladaron a la Comisaría. El cuerpo no presentaba signos externos de violencia. Tal y como adelantó EL COMERCIO, el aspecto que tenía el cadáver reflejaba posibles síntomas de que María Dolores, de 54 años, podría haber fallecido por asfixia. El análisis forense así lo ha confirmado. El caso permanece bajo secreto de sumario en el juzgado de Instrucción número 4, especializado en casos de Violencia de Género, si bien inicialmente las diligencias las llevó el juzgado de Instrucción número 3. Todas las pruebas policiales, al igual que el informe elaborado por los forenses en la noche del martes, se encuentran ya en poder del juez. Mientras, las fuerzas de seguridad han puesto en marcha un amplio dispositivo para dar con el paradero del principal sospechoso del crimen, quien apenas tres días entes de lo ocurrido acudió a cortarse el pelo. Se le busca a él y también su vehículo. El coche falta de la plaza de garaje desde el viernes, con lo que se presupone que lo ha utilizado para huir, respaldado por una suma de dinero en efectivo. Su teléfono móvil permanece apagado desde el viernes. Se ha movilizado al Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, Policía Local y los cuerpos policiales internacionales. Por ahora no se descarta ninguna hipótesis y se mantienen abiertas todas las vías de investigación. El hombre es originario de los Oscos y se ha jubiló hace apenas un año de su profesión de electricista desempeñada en un complejo industrial gijonés. Ella era ama de casa y se ocupaba además de llevar a su nieto de 9 años al colegio. El niño y su madre vivían con los abuelos desde la separación matrimonial de la hija de María Dolores. El fin de semana los dos estaban fuera del domicilio. «Mala racha en la relación» Según ha podido saber este periódico, los tres hijos del matrimonio (dos chicos y una chica) declararon ante la Policía que sus padres llevaban varios meses «pasando una mala racha en su relación», pero en ningún momento se les pasó por la mente que se fuese a producir tan nefasto desenlace. Nunca había presenciado malos tratos (no constaban denuncias previas en la Comisaría) ni tampoco fuertes discusiones. Los investigadores consideran que el hombre lo preparó todo «minuciosamente» antes de abandonar la casa. Envolvió el cadáver y lo escondió en el canapé de la cama de la habitación matrimonial, uno de los lugares en los que suponía tardarían en buscarla. Ordenó la casa, cerró las persianas, cogió sus pertenencias y sacó el gato al descansillo. Los vecinos aseguraron no haber escuchado nada significativo durante la mañana del viernes en la que previsiblemente se produjo la muerte de la mujer. Únicamente «a partir de las tres de la tarde oímos que sonaba el teléfono de su casa sin parar», explican los vecinos de puerta de la víctima. Nadie contestó a las llamadas. Preocupados ante la ausencia de comunicación con la madre, uno de los hijos se presentó el domingo en el piso. No vio nada raro. La casa estaba aparentemente normal y todo le hizo pensar que podrían haberse ido de fin de semana. Se supone que el cadáver ya estaba escondido bajo el somier. Recogió al gato en un transportín para animales y se fue. La preocupación por la ausencia de la pareja se acrecentó el lunes cuando la mujer faltó a su cita para llevar al nieto al colegio. No fue sin embargo hasta el martes cuando el hijo optó por revisar a fondo la casa para ver si faltaban maletas que pudiese detonar que se habían ido de viaje. Miró por todos los rincones y fue cuando abrió la cama de canapé que habían comprado hacía pocas semanas. Se le vino el mundo encima. Familiares y amigos de María Dolores Rodríguez Braña velaron durante todo el día de ayer sus restos mortales en la sala 12 del tanatorio de Cabueñes. El funeral se celebrará hoy a las cinco de la tarde en la iglesia parroquial de San Esteban del Mar. Posteriormente, el féretro será trasladado al cementerio de Lugones. La familia se mostró destrozada por lo ocurrido. En la esquela no aparece el que fue su marido durante más de tres décadas. Sus hijos no acaban de creerse lo ocurrido en el seno de «una familia ejemplar».
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