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| «Mantenemos la filosofía del cooperativismo de hace un siglo» |
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Fuente:El Comercio Digital «Algunas de nuestras actividades tradicionales no tienen la misma pujanza que tenían. Sabemos que para tener futuro hay que crecer y diversificarse con otras iniciativas» Pionera en el asociacionismo agrario en Asturias, la Cooperativa de Agricultores, Consumidores y Usuarios de Gijón se adentra en su segundo siglo de vida con ánimo de seguir avanzando, pese a la menor presencia del sector en el municipio. Con una historia sembrada de constantes cambios, la sociedad amplía sus líneas de trabajo más allá de la actividad tradicional del campo, fomentando la investigación y diversificando su mercado. Para seguir creciendo cuenta ahora, además, con el acicate de la Medalla de Oro concedida por el Ayuntamiento de Gijón. -¿Cuál es la relación de la Cooperativa con el Ayuntamiento que ahora les premia? -Nuestra vinculación con el Ayuntamiento se remonta al propio origen de la Cooperativa. En 1906 se sentaron las bases de la organización durante una comida de homenaje al concejal Senén González, quien apoyó la reivindicación del sector agrario de suprimir el impuesto con el que se gravaba la extracción de arena de la playa de San Lorenzo para usarla en los huertos y cuadras. Desde entonces siempre tuvimos una presencia importante en la vida política, social y económica del Ayuntamiento. Hasta la guerra civil, de hecho, siempre hubo concejales que, si bien no eran nombrados directamente por la Cooperativa, sí representaban y eran apoyados por sus socios. -Esa estrecha relación influyó especialmente en el desarrollo de la zona rural... -En los años 60 vimos la necesidad de abastecer de piensos compuestos y harinas a los ganaderos de todas las parroquias, pero en esa época muchas carecían de caminos y de traídas de agua. A través un acuerdo con el Ayuntamiento, que facilitaba los materiales, la Cooperativa constituyó una brigada de trabajo que se encargó de abrir vías y canalizaciones a varios pueblos de Gijón. Esos caminos son los que, ya pavimentados, existen aún hoy en día. -¿Cuál ha sido la clave para sobrevivir estos cien años? -Saber adaptarse a las circunstancias políticas, sociales y económicas de cada momento. -En un sector como el campo eso significa hablar de muchos cambios... -Está claro que la estructura económica del campo en Asturias es totalmente diferente a la que había el siglo pasado. Las explotaciones familiares van desapareciendo poco a poco y algunas de nuestras actividades tradicionales como, por ejemplo, los piensos no tienen la pujanza que tuvieron en otro momento. No obstante, seguimos apoyando esta línea de trabajo al igual que la recogida de leche y el servicio veterinario, que para nosotros son un referente. Pero sabemos que para tener futuro hay que crecer, y diversificarse con otras actividades. -¿En qué líneas centran esa diversificación? -Estamos abiertos a cualquier actividad que pueda desarrollarse en el medio rural y en este sentido hemos puesto en marcha varias empresas muy diferentes. Algunos ejemplos son la constitución de Asturianberries, centrada en la producción de arándanos; Jarpa, dedicada al desarrollo, diseño y mantenimiento de parques y jardines; y Naves Inteligentes, para la promoción de viviendas, 44 de ellas en el plan de Roces. -¿En qué se parece y en qué se distingue la Cooperativa actual a la Asociación de Agricultores de 1906? -Hay diferencias derivadas de los cambios tecnológicos y sociales. Los ganaderos y agricultores no demandan las mismas cosas que demandaban entonces. Pero la filosofía del cooperativismo sigue siendo la misma. Es algo que nos hace sentir orgullosos porque hablar de cooperativismo es hablar de solidaridad, una palabra que no está muy de moda en un mundo como el actual. Creemos que para que la humanidad tenga un futuro mejor tiene que ir por esta senda de la cooperación. -¿Qué queda de su espíritu sindicalista? -Aunque nació en principio con un carácter de reivindicación, como protesta por los altos precios de las materias primas y el bajo valor que alcanzaban los productos que elaboraban, buscaba a la vez la agrupación de socios para mejorar tanto los precios de compra como los de venta. Son dos aspectos que siempre fueron de la mano y, aunque a veces predominó el reivindicativo, hoy con la existencia de sindicatos agrarios quizás no sea tan fuerte. Nuestra función fundamental es favorecer la adquisición de suministros y la distribución de productos del campo, pero cuando entendemos que hay que reivindicar algo también lo hacemos. -En un siglo de altibajos, ¿cuál ha sido el momento más crítico para la sociedad? -A principios de los años 80, cuando construimos la fábrica de cárnicas La Riega. Su funcionamiento no cumplió con las expectativas y este fracaso complicó la situación económica y financiera de la Cooperativa, hasta el punto de llevarla a una situación de quiebra técnica. Pudo salvarse gracias a la cooperación de los socios. -¿Cuál es su situación actual? -En estos momentos nuestro grupo de empresas cuenta con cerca de 90 trabajadores y una facturación que está por encima de los 12 millones de euros. Se están desarrollando nuevas actividades y tenemos sentadas las bases para un desarrollo ordenado y armónico que nos permita enfocar el futuro con garantías de éxito.
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