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| El poemario póstumo de Ángel González |
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Fuente: Lne Hay veintisiete piezas: suficiente material para un poemario. Ángel González dejará una obra póstuma. El poeta ovetense no se atrevió a publicarlos en vida. Pero ahora, tras su muerte, sí podrán ver la luz. El volumen llevará por título «Nada grave» y saldrá a la calle el próximo mes de abril.El último poemario del autor de «Áspero mundo» -fallecido en Madrid el pasado 12 de enero, a los 82 años- fue concebido como una despedida de la vida, según publicaba ayer el diario «El País». «Son muy tristes, me han salido muy negros y no creo que los deba publicar», replicaba Ángel González a quienes, en los últimos años de su existencia, le invitaban a sacar a la luz sus creaciones de la hora postrera. «Tengo alguna cosa, diez o doce poemas», mascullaba, como queriendo sacudirse de encima la responsabilidad, aludiendo a una supuesta escasez de cuerpo para un libro. El poeta y novelista Benjamín Prado, amigo de González, considera que la clave de las reticencias fue explicada por el propio autor en una entrevista que próximamente publicará la revista «Cuadernos Latinoamericanos»: «Viene a decir que esos poemas eran tan tristes que no los quería publicar mientras tuviera que dar la cara por ellos», señala Prado. «Nada grave» será editado por Visor y formará parte de una colección especial titulada «Palabra de Honor». Rezumantes de estoicismo «Fueron Susana Rivera -viuda del poeta- y Luis García Montero quienes, hurgando en el ordenador, descubrieron que los poemas, rezumantes de estoicismo, existían y configuraban un todo coherente. «Siempre nos mentía sobre lo que había escrito; si nos llega a decir que tenía más poemas de los que confesaba, le habríamos insistido en que los publicara, y no quería hacerlo», explica Benjamín Prado. A juicio del editor Chus Visor, «es increíble que haya escrito hasta el final con esa calidad, son buenísimos». En la poesía de Ángel había una tristeza permanente, una melancolía que, a veces, contrarrestaba con distancia, con humor. Lo bueno es que siempre dejaba un resquicio, una pequeña luz, una puerta abierta», subraya García Montero, también poeta y albacea -junto a Manuel Lombardero y Antonio Masip- del fallecido.
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