|
Fuente:La Nueva España Sin duda, Oviedo y el mundo se hallan ante un nuevo resurgir del belén: más numerosos, mejor calidad, aumento de la variedad, nuevos estilos y hasta, sin aspectos peyorativos, con un estado de espíritu colectivo de intento de superación. Sin embargo, aparecen algunos puntos oscuros, conocidos por todos, que conviene dejar claros. ¿Qué es eso de que los colegios no puedan celebrar la Navidad porque están matriculados alumnos inmigrantes y se les deben respetar sus ideas? Dos casos de estos días. Un periódico de Oviedo en primera página, línea izquierda por arriba y letras mayúsculas en negrita, daba esta noticia en la primera quincena de diciembre alegando razones «migratorias». A partir del 15 de diciembre comenzó un servidor a calificar los belenes colegiales y pude comprobar que en estas Navidades se constataba una disminución en el número de colegios inscritos (al contrario que en las restantes instituciones, que han ido subiendo, 17 en el Hospital General) y esto me hizo pensar. Sin embargo, cuál fue mi sorpresa al ver que un colegio de Oviedo con 130 escolares inmigrantes poseía ocho belenes en un espacio central relacionados con estas personas, de distintos orígenes y lugares del mundo. No pude por menos que felicitar esta decisión y creo que por aquí está la solución. No en suprimir, sino en integrar y dar participación a las costumbres de su tierra original. También pude comprobar que la noticia, en parte, era falsa, porque alguno de ellos participó en nuestro concurso; y en otros de los ausentes pregunté causas (alguno de ellos acogían solamente a 35 inmigrantes), y me comunicaron que sólo había protestado una familia; en otro colegio, tres. No hay derecho, ¿qué mano malévola o qué intenciones dirigen este tema?, ¿y las restantes familias?, ¿se callan?
No olvidemos que al margen del aspecto religioso el belén es un arte y, además, una tradición en nuestro país. Posee indudables elementos que fomentan la creatividad personal y el desarrollo intelectual, tanto de niños como de adultos, ya que conjuga la perspectiva, los materiales utilizados, la ubicación de las figuras, el contexto histórico y geográfico, la iniciativa, etcétera. Creo sinceramente que el hecho de prohibir el belén en los colegios públicos obedece a un sectarismo promovido desde ámbitos oficiales y dirigido, fundamentalmente, contra iniciativas de raigambre católica. No obstante, es algo que, afortunadamente para la sociedad, no van a conseguir (ahí tenemos el rotundo éxito del belén promovido por LA NUEVA ESPAÑA estos últimos días). Pero el tema que quiero comentar es el nuevo concurso de belenes vivientes patrocinado por la vocalía de Centros Sociales del Ayuntamiento. ¡Asústense!, señores, Oviedo ha llegado a cincuenta centros sociales, lo cual es tanto como decir que ha resuelto otros tantos problemas humanos y de ayuda a los ancianos. Se trataba de representar el misterio de la Navidad sin límite de edad, con un número indefinido de actores, con su vestimenta y lenguaje literario pulido (si fuera el caso), que pueden escoger escenas del belén tradicional con las adaptaciones que considerasen adecuadas. Había tres aspectos a valorar: el ingenio, el vestuario, la ambientación y los complementos. Hubo un jurado (en el que participé) y tres valiosos premios, que, ¡vamos!, cualquiera de ellos estimula la creatividad a tope. Comentarios. Esto es más para contemplar que para describir, y así gozar especialmente del ambiente. La llegada del jurado (tres «leones» sentados en una silla) se recibía con un silencio sepulcral, como si fuera un acto trascendental o peligroso. Se oían las voces preliminares de la actuación, llenas de preocupación por las posibles equivocaciones: riñas del director y «cuidado» que nos gana el centro «X». El conjunto de actores estaba dominado por el género femenino (9 por 3) con papeles de hombre, que les gusta más jugar a «les cartes». Había actores de todo tipo, desde personas con voz gangosa hasta algunos que parecían discípulos de Lope de Vega, y otros de vocalización dificultosa a lo cómico. Eso sí, todos repletos de buena voluntad. Como es natural, hubo niños Jesús que lloraban o pataleaban y hasta un muñeco (falta de natalidad). Se me grabó un caso. En el centro social de Latores (todo preparado con gran asistencia del pueblo) llegó el jurado y faltaba el Niño Jesús, que estaba en Lugones, y todo el mundo esperando, pero el niño se retrasaba. Así estuvimos en una tregua aproximadamente de una hora y los nervios salían por las ventanas de la escuela del centro social. Cuando llegó el niño no lloró. ¡Menos mal! Algún título: «El Niño Jesús ha nacido en Asturias», donde aparecen, además de la Sagrada Familia, el Trasgu, el Nuberu, la Xana, Pepa, Felisa y... Aparte de estos aspectos anecdóticos del concurso y de su valor cultural, posee otros rasgos humanos y morales. El escenario se debe preparar entre todos, ensayar el diálogo, comunicar los fallos y adoptar la mejor puesta en escena; todo ello exige unos cuantos días de convivencia y diálogo entre los actores y fomenta la amistad. Una vez finalizada la representación las cocineras de «pinchos y dulces» se encargan de preparar sus pastelitos con cava para todos y así resulta un acto doblemente agradable. Que esta iniciativa tenga continuidad en años sucesivos, porque es otra fórmula para que los centros sociales tengan una actividad variada y al mismo tiempo celebren la Navidad.
|