La mano fría Imprimir Correo electrónico

Según cuentan, en el concejo de Allande, vivía hace muchos años en una pequeña casa, un albañil muy querido por sus vecinos. Era un gran hablador, tenía una gran habilidad para contar cuentos e historias y a la gente le gustaba reunirse en su casa para disfrutar de las historias, pero siempre acababa con la gente muerta de miedo, cosa que divertía enormemente al albañil. Como vivía un poco alejado del pueblo en medio de la naturaleza, daba un cierto aire de miedo a las polavilas (reuniones caseras para contarse historias en las noches de invierno)

Un día, estaba el albañil cenando, pensando en sus cosas, cuando una especie de sombra apareció por la pared, llegó hasta donde estaba la vela y apagó la llama. El albañil muerto de miedo, empezó a buscar cerillas por todas partes para encender de nuevo la llama, una vez encontradas, intentó encenderla sin conseguirlo. De repente, sintió algo frío en el cuello, como una mano y sintió como su vello se erizaba.

Salió de su casa medio alloriau (atontado), fue hacia la casa de su mejor amigo y en cuanto llegó se desmayó. Su amigo le reanimó como pudo y poco a poco fue recobrando su estado normal.

No se le volvió a ocurrir a ir asustando a los demás. 

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