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| El herrero de Posada |
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En un pueblo, vivió una vez un herrero que tenía siete hijos. Era de carácter débil pero alegre y bonachón y era muy apreciado en el pueblo. Aunque se merecía algo de suerte, nunca le llegaba y no era porque no hiciera méritos propios. Se había casado con la primera que se lo había pedido, había tenido los hijos porque era lo suyo y se quedó viudo al nacimiento de su séptimo hijo pero también decidió asumirlo porque era así. El herrero no hacía más que echarse las culpas de todo lo que pasaba, así cada día se iba amargando más y más. Así que decidió vender el alma al diablo, puesto que esa decisión sólo le afectaría a él y no haría daño a nadie. Se presentó al diablo pidiéndole una vida mejor basada en el dinero, dinero para hoy, para mañana y para pasado. El diablo se lo concedió a cambio de que en tres años el herrero se presentara en ese mismo lugar delante de él y le entregara su alma. El demonio le comentó que el dinero de hoy se le mandaría certificado dos horas después de cerrar el trato, y así lo recibió el herrero ese día, al siguiente, al otro.... de tal manera que se iba acumulando y no daba tiempo a gastarlo. A los vecinos para que no sospechasen les habló de algunas herencias y se dedicó a invertirlo y a ahorrarlo. A los pocos dias de vencer el plazo, se le apareció un viejo , vestido con una túnica que le pidió alojamiento para la noche y el herrero se lo dió. Estuvieron hablando durante la cena y comentando el viejo el mal aspecto del herrero, este se decidió a contarle su pacto con el diablo. El viejo, le propuso como solución, que cuando viera al diablo, le hiciera subir a una escalera y allí le moliera a ferradas. El herrero no muy convencido se quedó pensativo y el viejo le indicó que lo hiciera como él le dijo y mientras pensara en él. A la mañana el viejo había desaparacido y el herrero se fue al encuentro con el diablo resignado, pero acordóse de la idea del viejo y poniendo una escalera logró hacerlo subir y una vez subido le molió a ferradas. El diablo molido desapareció sin dejar rastro. Tres años más vivió feliz el herrero, hasta que le llegó la hora de marchar. Celebrados sus funerales, subió al cielo y una vez rellenadas las instancias y las charlas con San Pedro, se dieron cuenta que su alma fue vendida al del averno unos años atras y fue mandado al infierno. En el infierno, tanto de lo mismo, al enterarse que al diablo lo había molido, tampoco le hicieron un hueco y le echaron. Así que volvió a llamar a las puertas del cielo, y pensando en entrar para pasar su eternidad en algún sitio, le dijo a San Pedro que se le había caido un botón que le dejara pasar para buscarlo. Una vez dentro se subió a una nube y se dirigió a la cola para entrar en el paraiso. Allí estuvo un buen rato esperando hasta que finalmente le dejaron pasar ¿por qué? Apareció el viejecito al que había dado cobijo en su casa (no era ni mas ni menos que el Señor del Cielo) y preguntándole el por qué del enfado de San Pedro, se le explicó la situación, a lo que el viejecillo le dejó que pasara, ya que había sido una buena persona. Tanto lloró el herrero de alegría, que se tiró lloviendo dos días, y sus hijos al ver esa lluvia comprendieron que su padre había entrado en el cielo.
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Comentarios
Es fantástico encontrarte con historias tan parecidas entre diferentes pueblos, más aún si vienen de tierras bañadas por un mar diferente al nuestro.