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El real de Firulete Garambainas Imprimir Correo electrónico

En todos los sitios existen los gorrones.

En el pueblo del que parte el cuento, había un gorrón llamado Tomás, que siempre pedía pero pocas veces devolvía. Era un desastre con los dineros, así que cuando tenía, se lo gastaba rapidaménte y no le daba tiempo a ir saldando sus deudas, puesto que al no tener ni un real, volvía a pedir dinero. Y así se pasaba la vida.

Un buen día, viendo la cantidad de dinero que ya debía y que le iba a ser imposible devolver, pensó en fingir que estaba muy enfermo y que la muerte se lo llevaría en cuestión de semanas.

Hizo que la noticia corriera de boca en boca para que se enteraran bien todas las gentes. La reacción de los vecinos no se hizo esperar y empezaron a visitarle, aunque algunos tuvieran la mosca detrás de la oreja.

Su actuación fue tan brillante, que logro convencer a todos los vecinos de su enfermedad e hizo que olvidaran la deuda, todos quedaron conformes menos uno, que presentándose en el lecho de muerte vino a reclamarle el real que le debía. El vecino en cuestión era un sastre llamado Firulete Garambainas y debido a su insistencia con el real, Tomás decidió que su acto final había llegado e hizo como si muriera.

Una vez que los vecinos le amortajaron, fue llevado en su ataúd a la iglesia. Allí le dejaron y todos marcharon excepto Firulete, que allí quedo sentado en un confesionario. Tomás que sabía de la presencia del sastre no se atrevía a mover un músculo.

Al cabo de unos minutos, empezaron a aparecer por la iglesia gente de muy mal aspecto, eran doce en total. Uno de ellos que debía ser el jefe, saco de un saco un botín e hizo trece montones.

- ¿ Y esi, pa quién ye ? 

- Pa quien le meta un cuchillazo al muertu y me traiga les oreyes

Tomás empalideció aún más al oir aquello y cuando uno de ellos, quitando la tapa del ataúd se disponía a cortarle la primera oreja, Tomás se levantó de un salto y salió gritando hacia el confesionario donde se encontraba Firulete.

Los ladrones echaron a correr como alma que lleva al diablo. En el bosque se dieron cuenta de que el botín se quedó en la iglesia así que el jefe mandó a uno de ellos a recogerlo.

Firulete con gran susto, se repuso poco a poco y decidieron repartirse el botín de los ladrones, pero cuando estuvo repartido el sastre que no se le había olvidado la deuda le dijo:

- Tomás, dame mi real ahora.

El ladrón que fue a recoger el botín, no se atrevia a mirar dentro y al oir la voz del sastre pidiendo su real , salió corriendo más que antes si cabe y al llegar al jefe le comentó:

- Vámonos, jefe, son tantos los muertos que hay en la iglesia que reparten uno a uno y toquen a real por barba. 

 

Comentarios 

 
0 # anita 12-03-2012 11:08
:-x las gambas con mayonesa :cry:
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