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| Dionisia y la mata de pimientos |
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Era Dionisia una bella mocina de quince años que vivía con su padre (ya que su madre había muerto recientemente de unas fiebres altas) . Su padre estaba buscando una nueva esposa puesto que él con las tierras no tenía mucho tiempo para cuidar de su hija y no tardó mucho en encontrarla. La nueva madrasta era un cúmulo de maldades, lo tenía todo, envidia, celos, rencor... que había camuflado para no echar a perder la boda. Una vez casados y cuando se sintió sola con su hijastra, ya que el padre continuaba pasando casi todo el día fuera, destapó todas sus "virtudes" y le hacía la vida imposible a su hijastra. Como la tenía mucha envidia, por su belleza además de por otras cosas, decidió un buen día deshacerse de ella y una mañana que la madrastra iba a misa le dijo a Dionisia: - Vete a cuidarme los higos de la higuera como si la vida te fuera en ello. No te distraigas con nada, pues los tengo contados y pobre de tí como falte alguno a mi vuelta. Dionisia se sentó debajo de la higuera y se puso a mirar sus cintas del pelo y accesorios.Y en ello estaba hasta que se le presento la madrastra disfrazada de mendiga y le pidió un higo. - Lo siento señora, pero me es imposible darle alguno, mi madrastra me lo prohibe. Si por mí fuera, le daría todos. - No te preocupes - dijo la pobre señora - tus motivos tendras. Pero ¿ serías tan amable de darme un vaso de agua ? - Claro que sí, enseguida se lo traigo. Y mientras la joven iba a por el agua, la madrastra cogió uno de los higos y se lo guardó entre sus harapos. Dionisia apareció con el vaso de agua que le ofreció a la señora, ella lo bebió, le dio las gracias y se alejó. Cuando llegó la madrastra de misa, Dionisia continuaba debajo de la higuera. La madrastra contó los higos uno por uno y obviamente no estaba todos. Le preguntó a la joven por el higo que faltaba y ella le contestaba que no se había movido y no sabía muy bien como había desaparecido un higo. La madrastra la arrastró de los pelos, la llevó hasta la huerta, la ató de manos y pies, hizo un hoyo y la enterró. Pero no se dió cuenta que no había cubierto todos los cabellos. La madrastra volvió a esperar a su marido en casa, aunque todavía tardaría unos dias porque estaba de viaje en otros pueblos y mientras los cabellos de la joven se gueron convirtiendo en una mata de pimientos por las lágrimas que iba derramando en aquel hoyo. Cuando el padre volvió, al no ver a su hija preguntó a su mujer, la cual le contestó que se había ido a ver a su padrino y acto seguido mandó a la criada que hiciera para comer un buen pote asturiano para que llenase el estómago y así se olvidase de hacer tantas preguntas. La criada comenzó a juntar los ingredientes y al darse cuenta de que faltaban los pimientos fue al huerto a cortar unos cuantos. Cuando se disponía a cortar unos cuantos la mata se puso a cantar: - Ni me toques ni me peles, los cabellos que me queden, a mi madrastra les deben, los pimientos y sus pieles. Corrió la criada hacia la casa a contarle al padre de Dionisia el incidente con la mata de pimientos, el padre, comprendió lo que pasaba. Se encaminó hacia el huerto, hizo como que iba a cortar un pimiento para escuchar la canción. Reconoció al instante la voz de su hija, mandó traer una pala y la desenterró. Dionisia salió inexplicablemente viva, aunque un poco desorientada pero pudo contarle a su padre el incidente con su madrastra. El padre, presa de furia, buscó a su mujer, la agarró de los pelos y la enterró en el agujero en el que había estado Dionisia. Y de aquel hoyo en vez de salir pimientos, salío una mata de beleño (hierba venenosa, atribuida al demonio, despide un olor nauseabundo especialmente si es fresca) ( recordemos que el padre de Hamlet muere por envenenamiento de beleño negro) que por más que la arrancaban, volvía a brotar extendiendo su mal olor.
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